Quiroga Kwon Kung-Fu

Mantuvimos una charla con los profesores más avanzados de la escuela en el estilo Hung Gar, Sergio Valle y Adrián Jular, ambos cuartos tuanes. Conversamos de todo un poco y éste es el resumen.

 

¿Si tuvieran que recordar algo particular después de 25 años, que viene a la memoria?

Sergio: Las primeras exhibiciones y torneos que entró la escuela. Queríamos hacer conocer Kung-Fu, que prácticamente era desconocido.

 

Adrián: La modalidad de la clase. Era muy exigente, con mucha base. Es lo que necesitábamos en esos tiempos

 

¿Compañeros de práctica de la época?

Sergio: Fernando Roldán, tenía todo: velocidad, fuerza, y unas ganas tremendas de aprender increíbles. Rubén Anchelevich: Un grandote sin condiciones, pero muy esforzado por mejorar y Leandro Rissi: que poseía una perseverancia para lograr las cosas que parecían más difíciles, increíble sumado a unos valores humanos únicos.

 

Adrián: coincido con Sergio y agregaría a Roberto Fraire, que sin lugar a duda fue el más fuerte físicamente que hubo en la escuela

 

¿Como ven el Kung-Fu tradicional en el país?

Sergio: Un nivel bajo. Veo demasiados profesores y pocos alumnos. En la escuela los que formamos adelante, todos hacemos clase 2 o 3 veces por semana como mínimo, en donde no sólo se practica formas y técnicas de lucha, nos ponemos los guantes y hacemos combates de contacto (con cuidado), pero todos. La mayoría de las primeras filas tenemos más 20 años en esto, gente de 40, 50 y 60 años de edad, y no faltamos nunca a clase. Hoy vemos instructores de 5 años de práctica como mucho, que transpiran muy poco. No entiendo por qué sus profesores lo permiten.

 

Adrián: El problema del bajo nivel es que los profesores no exigen. Saben menos que sus alumnos. Sus cuerpos muestran cuánto entrenan. Están todos gordos. Qué ejemplo van a dar.

 

A sus edades ¿que buscan en el arte marcial?

Sergio: Que mi técnica tenga maestría. Que sea natural. Sé que en esto nunca se termina de mejorar. Siempre falta. Además me da placer entrenar, creo que el día que no lo sienta me dedico a otra actividad.

 

Adrián: Llegar a dominar la técnica. Ser un referente en el estilo Hung gar. Transmitir mi experiencia a los más nuevos, poder ayudarlos a entender lo que significa hacer un arte marcial seriamente.

 

Después de más de dos décadas en el arte marcial, ¿las ganas de entrenar disminuyeron?

Sergio: Son distintas. Uno nunca pierde las ganas de mejorar. Siempre se desea corregir una forma, ponerse los guantes, hacer la clase. Sólo el que practica sabe lo que se siente. Cuando uno se enferma y no puede entrenarse es terrible. Creo que es el momento que se da cuenta uno de cuanto ama todo esto.

 

Adrián: Hace varios años atrás en un accidente del trabajo perdí un ojo. A la semana le pregunté a Sifu, cuando podía regresar al entrenamiento. Tengo gente conocida que con el mismo problema, no volvió a ser la misma. No se atreve ni siquiera a manejar. A mí el Kung-Fu me dio confianza. Me enseñó que para un espíritu fuerte no hay adversidades. Todos podemos superar obstáculos. La fuerza está en nosotros, hay que buscarla. Es uno de los principales fines del arte marcial. Creo que nunca me van a faltar ganas de practicar.

 

¿Cuál creen ustedes que fueron los mejores tiempos en estos 25 años de Kunf fu?

Sergio: Todos. Cada uno tuvo lo suyo. Cuando me subí por primera vez a un ring, pensé esto es bárbaro y único. Hoy cuando hago clase con compañeros que hace más de 20 años están a mi lado entrenando, pienso lo mismo esto es bárbaro y único. Perdí y gané muchas veces, pero nunca dejé de practicar. Con los años comprendí que en realidad lo que valió fue aprender, y hasta cuando perdí deportivamente, gane en Kung-Fu. El arte marcial me templó y me enseñó que cuando uno pierde es por lo general cuando más se aprende.

 

Adrián: Sin duda hoy. Hoy me siento más preparado para sentir al arte marcial. Puedo entender cosas que antes se me hubiera hecho imposible comprenderlas. Hoy trabajo, estudio, estoy con mi familia y practico Kung-Fu.

Dos Antiguos del Hung Gar